Si consumes esta Semilla te ayudara a tratar enfermedades cardiacas y del hígado

Las semillas de calabaza están cargadas con grandes nutrientes como: el magnesio, manganeso, cobre, zinc y muchas proteínas más, en resumen, son pequeños compartimientos cargados de beneficios. También tiene importantes cantidades de antioxidantes que evitan a los radicales libres y permiten que el cuerpo sea optimizado.

Son excelentes porque no necesitan un cuidado especial, como mantenerlas refrigeradas, y puedes llevarlas a cualquier parte porque son bastante sencillas de cargar, claro, son semillas. Aquí compartiremos todos sus beneficios.

Beneficios de las semillas de calabaza para el cuerpo

Magnesio para la salud cardíaca: el magnesio juega un papel importante en el cuerpo, tales como la creación de ATP (trifosfato de adenosina, que aporta energía al cuerpo), síntesis del ADN y al bombeo del corazón.

Grasas Omega-3: las semillas curadas como las de calabaza tiene grandes cantidades de Omega-3 de fuentes vegetales, aptas para conservar la salud del cuerpo.

Zinc para el sistema inmunológico: el zinc ayuda a fortalecer el sistema inmunológico de una manera extraordinaria y natural, así evitarás que el cuerpo se enferme con facilidad.

Contra la diabetes: ayudan a regular la insulina y a evitar el descontrol de la enfermedad

Salud de la próstata: gracias a muchos de sus componentes, como el zinc, las semillas de calabaza son ideales para conservar la salud de la próstata.

Mejora la salud del hígado y el corazón: son ricas en antioxidantes y fibra, que persevera las funciones del corazón y de los riñones.

Como Prepararla:

Primero, vacía la calabaza usando una cuchara de mango largo o buscando las pepitas con la mano y dejándolas en un bol.

Después limpia las semillas, separándolas de la carne y la piel. Para hacer la limpieza correctamente, colócalas bajo el grifo y frótalas en un colador hasta que no queden restos de calabaza. Es importante limpiarlas nada más extraerlas de la calabaza para que la carne salga mejor y no se quede muy pegada.

Hierve las semillas en agua salada. Coloca el agua en una cazuela con una cucharada de sal. Añade las semillas y ponlo a hervir con tapa durante 10 minutos. Este proceso, hace que las semillas sean más fáciles de digerir al mismo tiempo que aporta una textura crujiente que se mantiene en las semillas durante el tueste.

Seca las semillas. Escurre las semillas en un colador y deposítalas sobre papel de cocina.

Extiende las semillas sobre la superficie de tostado y rocíalas con aceite de oliva o mantequilla con sal. También puedes darles un toque original añadiendo tus especias favoritas.

Coloca las semillas en el horno y tuéstalas a 170ºC durante 15 ó 20 minutos hasta que estén doradas, volteándolas cada 5 minutos. Para comprobar si ya están en su punto, separa una de las semillas y ábrela. Si oyes un crujido al abrirlas con los dientes, estarán listas.